Tamerlán el Grande

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Tamburlaine the Great, Part I, 1587
Tamburlaine the Great, Part II, 1587

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Tamerlán o Timur, apodado en esta obra “el Grande” pero históricamente “el Cojo” (“Tamerlán” deriva de “Timur Leng”, “Timur el Cojo”), fue un líder tártaro del siglo XIV, que conquistó un amplio territorio del Asia Central, desde Mongolia hasta Turquía y la India. Su centro de operaciones fue la ciudad de Samarcanda (en la actual Uzbekistán). Murió cuando viajaba a invadir China. Se trata del último gran conquistador asiático, tras las hazañas de su predecesor Gengis Kan, que lideró el gran imperio mongol del siglo XIII.

Al principio de la obra se le denomina “pastor escita”, aludiendo a su procedencia nómada centroasiática. Se le caracteriza como un comandante temible, de gran envergadura física y presencia atractiva. En su primera aparición, abandona su pelliza de pastor -emblema de su origen- para quedarse con su armadura de guerrero.

La exhumación soviética de su cadáver en 1941 demostró que las leyendas de su gran altura física y su cojera eran ciertas. En los escenarios londinenses, fue representado por el actor más famoso de la época, Edward Alleyn, también de gran estatura. Se dice que tanto esta obra como Doctor Fausto fueron escritas por Christopher Marlowe con la intención de que fuesen representadas por ese actor.

El estilo ampuloso caracteriza la obra, incidiendo en la truculencia de los hechos. Todo gira en torno a la ambición de poder, encarnada en el tirano protagonista, que una y otra vez proclama su carácter de invicto y de oráculo infalible. Pero lejos de una crítica a esta ambición, las dos partes presentan al protagonista siempre victorioso. Se ha leído como una defensa del ser humano y su poder (humanismo renacentista), frente al teocentrismo medieval.

Tamerlán el grande marca un hito en la historia de la literatura inglesa: es la primera gran obra que abandona el hieratismo de la era Tudor, y demuestra un manejo excelente del idioma, salpicándolo de continuas reflexiones en profundidad (sobre todo en la primera parte). Algunos críticos han señalado la influencia directa de esta obra en las primeras escritas por William Shakespeare: las tres partes de Enrique VI. El mismo autor nos avisa en el prólogo de que va a utilizar “musicales y rítmicas agudezas”.

En cuanto a la técnica literaria, esta tragedia histórica es la primera muestra de experimentación teatral en pentámetro yámbico en verso blanco (verso libre, sin rimar), en contraposición al decasílabo asonante anterior. La utilización del verso blanco alcanzará altas cotas con William Shakespeare, y su cúspide con John Milton en El paraíso perdido.

Dos son las fuentes probables para su composición: la traducción al inglés de Silva de varia lección, un compendio de anécdotas más o menos históricas escrito en 1540 por el español Pedro Mexía; y Vida del Gran Tamerlán, de Pedro Perondino (Florencia, 1553). Cabe señalar también que el madrileño Ruy González de Clavijo fue enviado como embajador de Enrique III de Castilla a Samarcanda, donde vio salir a Tamerlán a la conquista de China en 1404. Su viaje fue vano políticamente (Tamerlán murió en  1405) pero fructífero, puesto que su libro de viajes Embajada a Tamorlán (1406) es una de las joyas de la literatura medieval castellana.

La primera parte de Tamerlán el Grande comienza cuando Micetas, el rey de Persia (actual Irán) se encuentra reunido con los caballeros de su corte en Persépolis. Se lamenta de la proximidad de las huestes de Tamerlán, y envía un gran ejército para derrotarlo. Cosroes se muestra despectivo ante su hermano el rey, porque tiene previsto sustituirlo en el trono. Inmediatamente después unos emisarios del resto de estados nombran nuevo emperador a Cosroes, que declara que guerreará contra su hermano.

Tamerlán conduce cautiva a Zenócrata, bella princesa hija del sultán de Egipto, que ha sido apresada con unos soldados medos (pueblo mesopotámico), y le pregunta si está prometida. Ella contesta que sí, rechazando ser futura emperatriz de Oriente. Tamerlán se confiesa enamorado, pero llegan noticias de la proximidad del ejército persa y hay que atender a los asuntos de la guerra. Los persas les doblan en número y Tamerlán decide dialogar.

Las dotes de persuasión de Tamerlán funcionan: convence al general del ejército persa, Theridamas, de que se pase con sus hombres a su bando. Y luego añade que Zenócrata y los medos también se quedan. Zenócrata se lamenta de su suerte.

Cosroes es informado de las virtudes de Tamerlán, y decide que será su aliado contra su hermano. Mientras, Micetas da órdenes a su ejército para luchar contra los escitas de Tamerlán. Meandro será su general, al que tiene en alta estima por su inteligencia y elocuencia.

En el bando escita, ya se encuentra Cosroes, reunido con Theridamas y Tamerlán. Las tropas de Micetas se acercan. La batalla comienza. Micetas camina solo escondiendo su corona para no ser blanco del ejército enemigo, cuando lo encuentra Tamerlán. Micetas logra marcharse con su corona, pero Tamerlán le advierte que sólo la tiene prestada por él y se la arrebatará en público.

Cosroes nombra general de sus ejércitos a Tamerlán. Meandro se ha unido al bando de Cosroes. Todo parece miel sobre hojuelas entre Cosroes y Tamerlán, pero en cuanto Cosroes se marcha hacia Persépolis, Tamerlán desvela su verdadera ambición: combatir a Cosroes para coronarse él rey de Persia.

Es el momento en que aparece la célebre frase de la obra: “Is it not passing brave to be a king, and ride in triumph through Persepolis?” (“¿No es hermoso ser rey y cabalgar en triunfo a través de Persépolis?”), que ejemplifica el genio de Marlowe. No puedo evitar añadir que nada más decir esto Tamerlán, uno de sus generales (Techelles), le contesta: “O, my lord, it is sweet and full of pomp!” (“Eso, señor, es hermoso y pomposo”).

Nueva batalla, entre las tropas de Cosroes y las de Tamerlán. Cosroes resulta herido de muerte, y Tamerlán se pone su corona.

El rey de los turcos Bayaceto (Beyazid I, sultán del Imperio Otomano), se reúne con sus aliados magrebíes para informarles que no consentirá que Tamerlán, ya proclamado rey de Persia, pretenda avanzar a Constantinopla (actual Estambul, Turquía), que ha sido arrebatada a los griegos; ni tampoco a África, donde le esperarán los ejércitos de sus aliados. Este mensaje es hecho llegar a Tamerlán.

Zenócrata se ha enamorado de Tamerlán y ahora sufre por no saber si va a ser digna de éste. El medo Agidas le recuerda a la princesa que le espera un príncipe en Siria: Alcidamo. Tamerlán le mira ceñudo, y Agidas comprende que ha llegado su hora, y se suicida.

El bajá enviado por Bayaceto escucha de boca de Tamerlán que someterá a los turcos y luego liberará a los cristianos de Argel. Entonces aparece Bayaceto, que se enzarza en una dura disputa con Tamerlán, declarándose la guerra. Están en Bitinia, provincia al norte de Turquía. Los dos dejan sus coronas a sus respectivas mujeres, la reina Zabina de Turquía y Zenócrata. Tamerlán advierte: “Solemos marchar sobre los enemigos muertos, pisoteando sus intestinos con los cascos de nuestros caballos”.

La batalla se produce en dos planos. Mientras se oye de fondo fragor de luchas, las dos mujeres discuten entre sí, asegurando que la una va a ser esclava de la otra. Los turcos pierden la batalla y Bayaceto es apresado. Tamerlán se hace coronar rey de Turquía y pronto de toda África. Bayaceto se lamenta: “Contentos estarán los infieles cristianos y con júbilo tocarán sus supersticiosas campanas y encenderán luminarias celebrando mi vencimiento. Pero así muera yo si estos puercos idólatras no encenderán en mi honor hogueras con sus sucios huesos”.

Ante la advertencia de Bayaceto de que aún quedan tropas fieles a él en Grecia y África, Tamerlán repone que todas caerán, y pronto todo el mundo será suyo. Manda atar a los Bayaceto y a su esposa Zabina, que imploran a Mahoma.

El sultán de Egipto, cuya hija Zenócrata continúa en poder de Tamerlán, asegura no temer la llegada de éste. Mientras, Tamerlán está a las puertas de Damasco (actual capital de Siria, ciudad musulmana sagrada del Medio Oriente) y obliga a postrarse a Bayaceto para usarlo de escabel para subir a su trono. Su esposa Zabina maldice y la doncella de Zenócrata le amenaza con azotarle. Bayaceto permanecerá en una jaula y Zabina comerá sólo sobras.

Tamerlán pretende que Damasco se rinda siguiendo su costumbre de los colores. Su ropa y sus banderas son blancas a la espera de que capitulen los lugares sitiados sin guerrear; rojas, si hay que teñir de sangre la contienda; y negras si la resistencia prosigue y hay que arrasar con todo. Zenócrata, hija del sultán de Egipto y oriunda de Damasco como su padre, pide clemencia a su amado Tamerlán, que no se la concede. (Marlowe sitúa Siria en África, formando parte de Egipto).

Tamerlán está celebrando un banquete, ya vestido de rojo. Bayaceto, ahora esclavo, no quiere probar bocado. El segundo plato son representaciones de las coronas de los reyes a los que Tamerlán pretende vencer: el sultán de Egipto, el rey de Arabia y el gobernador de Damasco. Con ellas corona como reyes del Magreb a sus caballeros.

Las tiendas de Tamerlán están ya adornadas en negro. El gobernador de Damasco, asustado, envía a cuatro vírgenes ante Tamerlán para implorarle piedad. Tamerlán las recibe vestido de negro y ordena matarlas. Luego, tras una larga reflexión, inspirada por Zenócrata, acerca de la belleza y del amor, sale a luchar cuerpo a cuerpo contra el sultán de Egipto y el rey de Arabia, en una Damasco completamente asolada ya. Bayaceto, desesperado, se suicida rompiendo su cabeza contra los barrotes de su jaula. Su esposa Zabina, al descubrirlo, también se quita la vida estrellando sus sesos contra la jaula.

Zenócrata se lamenta de la destrucción y muerte en Damasco. El rey de Arabia, su pretendiente, llega herido hasta ella y muere declarándole su amor. Se trata del mismo Alcidamo, príncipe de Siria, con el que Zenócrata se iba a reunir cuando fue retenida por Tamerlán. Luego llega Tamerlán con el sultán preso y le perdona la vida por ser padre de Zenócrata. Nombra reina de Persia a su amada, asegura a su padre que no la ha violado, ordena enterrar con honores al rey de Arabia y a los reyes de Turquía, y anuncia su boda con Zenócrata.

Aquí concluye la primera parte de la obra, en el prólogo de cuya continuación se asegura que fue escrita debido al gran éxito de la anterior. Lo cual quiere decir que Marlowe escribió un primer texto completo en el que el protagonista es un tirano sanguinario y cruel y termina felizmente casado, con poder absoluto y totalmente redimido. Un placer para el lector o espectador, porque el autor consigue poner al gran carnicero de nuestro lado. Vamos a ver cómo sucede así también en la segunda parte.

Orcanes, rey musulmán de Anatolia (provincia del Antalya, al sur de Turquía), decide pactar con Segismundo, rey cristiano de Hungría, ante el peligro que supone Tamerlán.

Calapino, hijo de Bayaceto y prisionero de Tamerlán en El Cairo (Egipto), convence a Almeda, su guardián, para que huya con él a Turquía, donde supuestamente lo coronará rey entre lujos inconmensurables.

Tamerlán ha tenido tres hijos con Zenócrata (Califas, Amiras y Celebino), que ya están bastante crecidos, y se lamenta de que sean demasiado blandos. Zenócrata le asegura que Celebino, el menor, es bravo. El niño ve con buenos ojos convertirse en el terror del mundo y Tamerlán le dice que será su sucesor. Amiras muestra sus celos, mientras que Califas elige ser el acompañante de su madre. Su padre le llama bastardo, y todo se arregla cuando se suma a los otros dos en sus deseos de convertirse en cruel guerrero.

Se reúnen Tamerlán y sus secuaces, los reyes de Argel (Theridamas), Marruecos (Usumcasane) y Fez (Techelles). Preparan la batalla contra Orcanes en Larisa (Grecia). Mientras, Segismundo ha decidido romper su pacto con Orcanes y atacarle. Segismundo es vencido y presentado como un cristiano traidor a su religión.

Zenócrata enferma gravemente y muere, ante los lamentos de Tamerlán, que decide quemar Larisa, la ciudad que ha presenciado tan triste hecho. Calapino es coronado por Orcanes emperador de Turquía y jura vengar a su padre Bayaceto. Sus reyes reúnen un gran ejército. Almeda vuelve a recibir la promesa de que será rey.

El cortejo fúnebre de Zenócrata avanza mientras la ciudad arde. Tamerlán instruye a sus tres hijos en la guerra, pero Califas se muestra temeroso. Tamerlán se hace una herida en el brazo para que sus hijos se laven las manos en su sangre.

Theridamas y Techelles llegan con un ejército hasta las puertas de Balsera (actual Basora), en “la frontera de Siria” (en realidad al sur de Irak, junto al Golfo Pérsico). El capitán de la ciudad no quiere rendirse, así que es arrasada. Él resulta herido y muere ante su hijo y su esposa Olimpia. Ésta mata a su hijo para que no tenga que vivir en el oprobio y cuando se dispone a suicidarse, es apresada por los invasores.

Calapino, reunido con Orcanes y el resto de reyes de la zona, es avisado de que Tamerlán está ya en Alepo, al norte de Siria, desde donde se propone atacar Anatolia. Tanto es así que aparece de repente en la habitación y reta a todos a luchar. Dos de los tres hijos de Tamerlán se suman a la guerra con su padre, mientras que Califas permanece en su tienda jugando a las cartas con un sirviente y hablando de chicas desnudas.

Tamerlán vence de nuevo. Acude con sus reyes, sus prisioneros y sus dos hijos guerreros a su campamento, entra en la tienda de Califas, lo saca y lo mata por cobarde. Luego ordena que las concubinas turcas lo entierren y después se las manden a su tienda para disponer de ellas.

Olimpia es requerida por Theridamas, que la quiere convertir en su esposa y reina de Argel. Pero ella sólo quiere morir. A cambio de no ser mancillada por Theridamas, le ofrece un supuesto ungüento mágico que protege contra toda arma, endureciendo la piel. Para probar que funciona, se unge con él la garganta e invita a apuñalarla a Theridamas. Él lo hace y la mata, lamentándolo mucho.

Tamerlán viaja en su carro, arrastrado por los reyes apresados de Trebisonda (noreste de la península de Anatolia) y Siria, que serán sustituidos por Orcanes y el rey de Jerusalén al día siguiente. Manda repartir a las concubinas turcas entre sus soldados y se dispone a la conquista de Babilonia (hoy al norte del territorio Iraquí).

El gobernador de Babilonia no accede a los ruegos de sus ciudadanos para que se rinda ante Tamerlán, así que el ejército arrasa la ciudad y lo apresa. Tamerlán manda colgarlo de la muralla y después sacrificar a los reyes de Trebisonda y Siria, que están ya cansados para hacer de caballos; los sutituye por Orcanes y el rey de Jerusalén. Luego practica el tiro al blanco con el gobernador y ordena ahogar a todos los habitantes de Babilonia, mujeres y niños incluidos, en el lago Asfaltites (Mar Muerto). Manda quemar el Corán y el resto de los libros mahometanos, burlándose de Mahoma. Esta escena, que hoy mismo bastaría para que Marlowe fuese repudiado por buena parte del mundo islámico, fue suavizada en una reciente representación de la obra: su timorato director hacía quemar libros sagrados de varias religiones.

Cuando Tamerlán se dispone a volver a Samarcanda (Persia), se siente indispuesto. Calapino está reunido con el rey de Amasya (región del norte de la península de Anatolia). Está resuelto a hacer frente a Tamerlán, con un gran ejército formado por guerreros turcos. Tamerlán está muy enfermo, aunque sigue increpando a los dioses de la mitología clásica y a la misma muerte. Recibida la noticia del ataque de Calapino, sale al campo de batalla y su sola presencia ahuyenta al enemigo. Luego pide un mapa para repasar cuánto ha conquistado y qué nuevos territorios les tocará sojuzgar a sus dos hijos. Entre otras cosas, asegura que se había propuesto abrir un canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo (el futuro Canal de Suez, construido en el siglo XIX).

Antes de morir, nombra a su hijo Amiras como sucesor, haciéndole sentar en su carro. Amiras termina la obra entonando una alabanza de su padre muerto.

Esta segunda parte hace demasiado hincapié en los pormenores técnicos de las batallas y en las excesivamente detalladas descripciones de los territorios, teniendo en cuenta además que los hechos históricos y geográficos difieren sensiblemente de los relatados en la obra. Pero nos regala momentos y situaciones verdaderamente atractivos, siempre emanados de la tremenda personalidad grandiosa y cruel de Tamerlán.

Publicada on enero 30, 2009 at 7:19 pm  Comentarios (6)  

6 comentariosDeja un comentario

  1. [...] Tamerlán el Grande (I y II partes, 1587) Doctor Fausto (1589) El judío de Malta (1589) Eduardo II (1592) La masacre de París (1593) [...]

  2. [...] Enlace a mi entrada sobre las dos obras dramáticas protagonizadas por Tamerlán escritas por Christopher Marlowe, en mi nuevo blog sobre el primer gran autor del teatro inglés. [...]

  3. [...] Marlowe. Consta de una introducción, un comentario individual sobre cada obra de teatro: Tamerlán, Fausto, El judío de Malta, Eduardo II y La masacre de París, una entrada sobre la obra poética [...]

  4. [...] And ride in triumph through Persepolis Célebre frase que se repite tres veces en la primera parte de Tamerlán el Grande. [...]

  5. SSSSSSi alguien tiene la obra Tamerlán de Cristhoper Marlowe (en pendrive– USB) y me la pasa se los agradeceria. es urgete – POR FAVOR EN ESPAÑOL Thank you!!!!!!

  6. NNNNecesito leer la obra Tamerlán de Cristopher Malowe completa, por favor si alguien la tiene en (pendrive USB) p@samela, Thank you, o si sabe de algun website donde bajarla SE LO AGRADECERIA. HA EN ESPAÑOLLLLLL!!!! —-ty——…..

    REMEMMMBERRR ESPANOL


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