El judío de Malta

rabbirembrandt

The Jew of Malta, 1589
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Escrita con el telón de fondo de la lucha por la supremacía entre España y el Imperio Otomano en el Mediterráneo oriental, esta obra es nombrada sobre todo por ser el precedente de El mercader de Venecia, de William Shakespeare. Ambas recogen el inequívoco sentimiento antisemita de su época.

No obstante esa evidencia, la arrolladora sátira de Marlowe se vuelve a hacer presente en este drama, que a la postre es una ridiculización de las tres grandes religiones que retrata: la judía, la cristiana y la musulmana, cuyos miembros actúan, sin excepción, movidos por la avaricia.

El judío Barrabás, afincado en Malta, es un nuevo ejemplo en la lista de tipologías alegóricas del poder de la obra de Christopher Marlowe. En este caso, el poder económico. El nombre del protagonista está tomado del asesino indultado en lugar de Jesús en el Evangelio, incidente que fue excusa metafórica para alimentar en Occidente el odio al judío, puesto que narra la supuesta culpabilidad de los habitantes de Jerusalén en la muerte de Cristo.

El acontecimiento histórico del que la obra se hace eco es el llamado Sitio de Malta, sucedido en 1565, cuando las tropas del Imperio Otomano asediaron la isla, resultando derrotadas por sus gobernantes, los Caballeros de la Orden de Malta.

El prólogo es recitado por un personaje que se identifica como Maquiavelo, el célebre teórico político (1469-1527) del Renacimiento italiano que expuso en su obra el pragmatismo hipócrita del poder.

El Maquiavelo de Marlowe dice: “Tengo a la religión por un juguete de niños y sostengo que no hay otro pecado que la ignorancia”. También afirma que, “ahora que ha muerto Guisa”, él llega a Francia y va a presentar a uno de los suyos (Barrabás). El duque de Guisa, fallecido en 1588, justo antes de escribirse El judío de Malta, fue el líder del partido católico en las Guerras de Religión de Francia, y será protagonista de otra obra de Marlowe, La masacre de París.

Ciudad de Malta (nombre que se le da en la obra tanto a la isla principal del archipiélago, como a su capital, La Valeta). Barrabás se encuentra en su despacho con montones de oro, reflexionando sobre lo fácil que es hacerse rico comerciando con los orientales. Sus mercaderes le informan de que los negocios van bien. Él está muy satisfecho de ser judío y rico, no como los cristianos, en cuya fe no ve “fruto alguno, salvo malicia, falsedad y orgullo desmedido, lo que no me parece se ajuste a lo que dicen profesar”.

Unos judíos avisan a Barrabás de que las tropas turcas llegan a Malta. Éste se muestra preocupado sólo por sus riquezas, y le da igual si toman la ciudad. El gobierno está en manos de los Caballeros de la Orden de Malta, por cesión de España. Los turcos reclaman sus impuestos retrasados, y se les pide que esperen un mes a que puedan ser recaudados. La flota turca permanece a la espera en la costa. Como Malta no tiene ese dinero, se dicta que serán los judíos quienes paguen, aportando cada uno la mitad de su fortuna. El que se niegue a pagar, ha de convertirse al cristianismo. Y el que rehúse convertirse, entregará toda su fortuna. El resto de judíos acepta dar la mitad de sus bienes, pero Barrabás no. Le avisan de que si no da la mitad, se le quitará todo, y entonces acepta. Pero inmediatamente le comunican que ya no puede rectificar.

Barrabás es despojado de todos sus bienes y su mansión convertida en un convento donde se alojarán “muchas santas monjas”.  Abigail, la querida hija de Barrabás, le avisa de que no va poder volver a su casa para recuperar dinero y joyas que tenía escondidos, porque las monjas ya se han establecido allí. Barrabás le manda meterse monja para recuperar el dinero. La abadesa le acepta, y Barrabás finge enfadarse con su hija. Matías y Ludovico, dos caballeros, deciden ir a visitar a Abigail al convento, llevados por su belleza de catorce años descrita por Matías, que la ama.

De noche, Barrabás merodea por las afueras de su antigua casa. Su hija sale al balcón con el tesoro escondido y se lo lanza. Llega Martín del Bosco, un español que ha apresado a unos turcos que pretende vender en Malta como esclavos. Cuando se entera de que los Caballeros de Malta son tributarios de los turcos, les convence de que no paguen y entren en guerra, con la ayuda del rey Católico (Felipe II). Los esclavos son puestos en venta en la plaza del Mercado.

Barrabás es rico de nuevo: ha comprado una casa, ha recuperado a su hija y planea vengarse. Ludovico, que es hijo del gobernador, pide a Barrabás visitar a Abigail. Barrabás se muestra amable, mientras maldice para sí, echando pestes de los cristianos. Luego compra un esclavo turco. Aparece Matías con su madre para comprar otro esclavo. Barrabás, que sabe que Matías ama a su hija, jura vengar las esperanzas de los dos jóvenes. Le dice a Matías que acuda a su casa a ver a su hija.

Barrabás conversa con su nuevo esclavo, Ithamoras, que resulta ser tan malvado como él. Los dos se cuentan sus fechorías, asesinatos y atentados de todo tipo contra los cristianos. La lista de iniquidades es tan extrema que da una idea del carácter burlesco de toda la obra.

Llega Ludovico y Barrabás pide a Abigail que finja quererlo (aunque a quien ama es a Matías). Luego entra Matías, que es advertido por Barrabás de que su amigo está con Abigail. Después dice a Ludovico que Matías ha jurado matarlo.

Barrabás casa a su hija con Ludovico para engañarlo, pero ella ya no puede más y rompe a llorar. Ludovico se va y aparece Matías, que también es engañado por Barrabás, siendo casado. Abigail se da cuenta de que su padre está poniendo a uno contra otro y no le gusta. Ithamoras es enviado con una carta falsa de Ludovico a Matías, en la que le reta a duelo.

La puta Bellamira se lamenta de que desde que la ciudad fue asediada sus ganancias han disminuido. Su compinche Pilia le cuenta que ha robado algo de plata en casa de Barrabás. Aparece Ithamoras y los dos se van, no sin antes verse fugazmente. Ithamoras suspira por la belleza de la cortesana. Matías y Ludovico se baten y mueren los dos. El padre de Ludovico (Ferneze, el gobernador) y la madre de Matías (la viuda Catalina) se muestran condolidos y se proponen encontrar a quien ha instigado la enemistad de sus hijos.

Ithamoras cuenta satisfecho a Abigail cómo Barrabás ha urdido las muertes de los jóvenes. Abigail, consternada, pide al esclavo que vaya a buscar a un fraile del convento. Ithamoras pregunta a Abigail si no es verdad que de vez en cuando los frailes y las monjas se divierten juntos.

Abigail se va con el fraile y se mete monja, esta vez por propio convencimiento. Su padre reniega de ella y luego miente a su esclavo nombrándole heredero. Lo manda con un caldero de arroz envenenado al convento y todas las monjas mueren, incluida su hija, que antes cuenta a otro fraile bajo secreto de confesión la argucia de su padre para que muriesen Ludovico y Matías.

Ithamoras propone a Barrabás envenenar ahora a todos los monjes de un monasterio. Barrabás repone que no es necesario: morirán de pena por la ausencia de las monjas. Tras estas alegres chanzas, aparecen por allí el monje Jacobo (que llevó al convento a Abigail) y el monje Bernardino (que la confesó). Llegan con el propósito de amonestar a Barrabás, pero éste, al darse cuenta de que conocen sus delitos, les dice que se convertirá y donará todas sus riquezas. Esto hace que los frailes se enfrenten entre sí por llevar a sus respectivas órdenes religiosas a Barrabás. Sale Jacobo y estrangulan a Bernardino. Lo ponen de pie y cuando llega Jacobo cree que está escondido para atacarle. Jacobo golpea al muerto y piensa que lo ha matado él. Barrabás y el esclavo lo entregan a la justicia y lo ahorcan.

La puta Bellamira ha enviado a Pilia con una carta para Ithamoras. Le convencen de que pida a Barrabás dinero a cambio de no delatarlo. Barrabás accede al chantaje, hasta que se harta. Ithamoras, enamorado de Bellamira, no cae en la cuenta de que le están utilizando y cuenta a la puta y al ladrón las fechorías de su amo. Barrabás se disfraza de músico francés, con un laúd y un ramillete de flores envenenadas en el sombrero, que Ithamoras, Bellamira y Pilia huelen.

Bellamira y Pilia cuentan al gobernador lo que saben. Ithamoras y Barrabás son detenidos. Luego un oficial anuncia que han muerto los cuatro: la cortesana, su amante el ladrón, el esclavo turco y el judío. Echan el cuerpo de Barrabás fuera de la muralla para que se lo coman los buitres. Éste se levanta diciendo: “Gracias, narcótico”. Y se propone ayudar a los turcos a tomar la ciudad.

Con la ayuda de Barrabás, Malta es invadida. Se le nombra gobernador. Entonces pacta con sus antiguos mandatarios que si devuelve la ciudad a los cristianos será recompensado. Reflexiona: “Viviré haciendo mi amigo a quien más provecho me dé. Esta es la vida que solemos llevar los judíos, como es razonable, porque los cristianos hacen igual”.

Los turcos son invitados por Barrabás a un banquete, con la promesa de que les va a entregar una gran perla. Barrabás prepara una trampa para los turcos, con explosivos y una galería que les llevará a un pozo. Llegan los invitados, pero Ferneze, el anterior gobernador, abre la trampilla antes de tiempo para que caiga Barrabás al pozo, donde hay un caldero de agua hirviendo. Antes de morir, cuenta sus crímenes y los maldice a todos. Los turcos han perecido con los explosivos preparados por Barrabás, y su príncipe es hecho prisionero por Ferneze hasta que no sean reparados los daños infligidos por los turcos a Malta.

La trama de El judío de malta tiene una influencia débil en El mercader de Venecia. Un judío rico y malvado con una hija que se convierte al cristianismo: esos son los únicos rasgos comunes. Donde Marlowe hace una de sus tragicomedias satíricas, Shakespeare construye un mundo complejo de una variada escala tonal. Pero tomada individualmente, la astracanada de Marlowe es, como sucede con el resto de su obra, un divertimento de primer orden, salpicado del sano descaro humorístico del que tanto estamos necesitados todos.

Publicada on enero 30, 2009 at 7:32 pm  Comments (6)  

6 comentariosDeja un comentario

  1. […] el Grande (I y II partes, 1587) Doctor Fausto (1589) El judío de Malta (1589) Eduardo II (1592) La masacre de París […]

  2. […] Consta de una introducción, un comentario individual sobre cada obra de teatro: Tamerlán, Fausto, El judío de Malta, Eduardo II y La masacre de París, una entrada sobre la obra poética y la curiosidad del conjuro […]

  3. ooooooooooooo

  4. maestro

  5. This kind of game gives a real experience of fdbbkeedcaaf

  6. paja leer todo esto


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